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LOS CELTAS






Los Celtae o Los Keltoi, la tribu oculta, la tribu misteriosa. Algunos de sus misterios fueron desvelados a la humanidad mediante hallazgos sorprendentes en el siglo XIX. La Cultura de Hallstatt (750 a.C - 450 a.C) a finales de la edad del bronce, y la de La Tène (450 a.C – 60 d.C) ya en la edad del hierro, son las épocas explendorosas del arte celta, de expasión de su cultura en general. Podemos suponer que son el primer pueblo que ocupó gran parte de Europa hasta la llegada de las tribus germanas, los griegos, los cartagineses y los romanos sobretodo. Los de Roma contribuyeron a su desaparición. Las tribus celtas se unieron cuando ya era demasiado tarde, sin que ello desmereciese su lucha heroica, brava, con honor. Ambas culturas o periodos de apogeo celta fueron descubrimientos que sorprenderían al mundo. Su orfebrería; su armamento y sus armaduras, sus calderos mágicos, sus monumentos megalíticos, su brutalidad con los enemigos, sus rituales, su amor por la naturaleza, sus poblados fortificados con murallas laberínticas, sus fiestas, sus mágicos herreros, sus canteros místicos y carpinteros de tallas misteriosas. Amantes de lo oculto, de lo mágico. Su gobernante era un rey. Su protector un druida. Los valerosos jefes guerreros sus defensores.

Sus bosques sagrados estaban repletos de árboles cargados de moras y frambuesas. Era el lugar que los druidas utilizaban para realizar sus rituales, en ocasiones especiales también participaba la tribu entera. Cantaban y danzaban bajo las sombras mientras sonaban las gaitas. Formados en circulo rendían su homenaje al sol, a la luna, a las estrellas, a la naturaleza, y a la vida. Un pueblo que amaba la libertad.

Tras la invasión romana, algunos celtas supervivientes, se quedaron en territorios ocupados y asimilaron las costumbres romanas, se romanizaron. Aunque el imperio invasor no consiguió terminar con su leyenda y gracias a ellos son inmortales.
Pero la historia de los celtas no se acabó con la conquista de casi la totalidad de su territorio, pues parte de sus costumbres y creencias continuaron arraigadas en algunas zonas a las que los romanos no pudieron acceder. Los celtas galos que escapaban de sus fauces, mantenían buenas relaciones con los isleños britanos y éstos, los acogieron con amabilidad. Algunos escaparon hacia el noroeste de Iberia, un lugar donde vivían tribus keltoi de similares costumbres. Los celtas no eran un pueblo unido. Eran muchas tribus repartidas a lo largo de Europa, las cuales, se preocupaban cada una de si misma. Algunas veces se atacaban unas a otras. En algunas zonas hubo alianzas, para crear mayores ejércitos que les permitiese una defensa segura. Muchos poblados eran saqueados por otros celtas que buscaban robar sus tesoros o quedarse con sus propiedades. Todas estas rencillas terminaron cuando se aliaron contra los romanos, aunque algunas tribus de la Galia cambiaron de bando y fueron determinantes para la caída del ejército Galo, pues lucharon junto a los romanos y a las órdenes de Cayo Julio Céasr.

En la etnia celta, aunque predominasen los de cabellos rubios y los de ojos azules, podían haber sido también trigueños de ojos castaños o grises, pero siempre altos y fornidos. Los hombres se dejaban el pelo largo, igual que las mujeres, se lo recogían en una coleta a la hora del combate. Las mujeres también eran combativas y excelentes luchadoras, pero se dedicaban sobretodo al cuidado de la familia, en ese terreno mantenían firmes a los temibles guerreros celtas, que en su casa no mandaban. Ellos asustaban con sus enormes mostachos, y ellas evocaban la dulzura con su piel blanquecina. Amaban a sus mujeres y aunque fuesen letales en el manejo de sus armas, sabían perfectamente que el hogar era de ellas, por lo tanto, en casa estaban siempre a sus órdenes. Los celtas eran una raza muy misteriosa, implacable.
En sus fortificaciones pretendían despistar al enemigo construyendo laberintos. En un laberinto el enemigo perdía un tiempo irrecuperable, que ellos aprovechaban para atacar sin causar muchas bajas en su ejército. Sus casas eran oppipas, casas circulares de piedra con tejados de paja y rodeadas de murallas para mayor protección.

No eran sólo una cultura, eran algo más. Fueron respetuosos con la naturaleza, vivían en sintonía con ella. Los altos poderes que gobernaban las tribus eran los monarcas, los cuales, se dejaban influenciar demasiado por unos brujos, hechiceros, consejeros, llamados druidas.

Un Druidae (druida), entre otras apreciaciones, significa “Hombre de los robles”. Era una persona con múltiples cualidades y la más influyente de una tribu celta, después del rey. Eran los oficiantes del culto a los dioses, a espíritus y deidades en la naturaleza que los rodeaba, sobretodo en sus bosques sagrados llamados nemat o nemetum. Druidas, descendientes de un ser supremo, guardianes de los bosques y de las tribus celtas. Hechiceros, curanderos, sabios, jueces de lo oculto, de lo mágico y de lo espiritual. Con su magia; podían conseguir que un pequeño poblado con unos cuantos guerreros, derrotase al mejor de los ejércitos, en un ritual en el que aprovechaban la energía desprendida por dos fogosos jóvenes, haciendo el amor en el altar sagrado del bosque. Los símbolos mágicos que ellos creaban, protegían a los suyos con la energía de los dioses de la naturaleza. Realizaban un brebaje mágico, secreto, que proporcionaba a los guerreros de las tribus una energía sobrenatural. Hacían cerveza de trigo y miel, llamando corma al producto resultante, con el cual se emborrachaban.

Un bosque frondoso de robles milenarios, era el lugar de reunión de los druidas, su lugar sagrado. Todos los árboles tenían su motivo de culto, pero el árbol por excelencia para los celtas fue el roble. En honor al dios céltico Dagda, el Creador. Hermosos, robustos y vigorosos, poseen normalmente una salud de hierro. Cuando nacía un nuevo integrante de su raza, los druidas plantaban un roble. Si el árbol arraigaba pronto, creciendo fuerte y vigoroso, podían predecir a la perfección que el recién nacido tendría una excelente salud, e incluso si sería guerrero o druida. Su alma y el espíritu del roble recién plantado quedaban unidas para siempre. Predecían el futuro de los suyos a través de el crecimiento de sus árboles correspondientes. Era sorprendente el poder y la sabiduría de los misteriosos druidas que hablaban con los árboles. Muchos clanes druídicos sucumbieron ante los romanos, y otros, de manera oculta consiguieron realizar sus actividades druídicas trasmitiéndolas por generaciones hasta su desaparición. Hoy en día existen comunidades de druidas deambulando por medio mundo. Se celebran diversos rituales druídicos, aunque ya poco tienen que ver con los realizados en la antigüedad. A lo mejor algún druida de la antigüedad se ha reencarnado en un druida moderno. Los celtas creían en la reencarnación.

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