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EL REENCUENTRO



El tren llevaba una hora y media de viaje, aun le quedaba por delante más de la mitad del recorrido que debía realizar. Los maquinistas se encontraban charlando entre ellos, discutiendo sobre política, argumentando cada cual su parte de razón. El vagón de pasajeros estaba tranquilo, algunos dormían, otros observaban el paisaje o leían un libro.

La niña María estaba sentada junto a la ventanilla, su padre la esperaba en Galicia, estaba deseando llegar a su encuentro. Había sido todo una casualidad; pero gracias a ello, al destino quizás, había conseguido saber de donde era su procedencia, el destino la sorprendió cuando peor lo estaba pasando. Y ella estaba agradecida, feliz.

María tiene doce años. La criaron unos padres adoptivos desde que tenía meses. La enfermedad mató a su madre congénita y su padre la entregó en adopción por no poder atenderla. Se crió con un matrimonio pudiente, el cual le entregó a su manera todos los caprichos que se le pudiesen ocurrir en sus doces años de existencia. María estudia en los mejores colegios, lleva ropa de marca, tiene móvil. En su habitación tiene todo lo que pueda desear una chica de su edad. Un buen día, se torció un tobillo al bajar las escaleras del conservatorio, la persona que la auxilió en ese justo momento era su verdadero padre. Aunque claro está, ninguno de los dos lo sabían. Pero algo debe de haber en este mundo, o en nuestra conciencia, que nos permita reconocernos, ya sea el alma o el espíritu a través de una mirada. Se observaron en silencio, a él le recordaba a su mujer, a ella esa voz le resultaba familiar, Al caerse, a la niña se le abrió el bolso, y salió a relucir su documentación. El hombre la recogió del suelo con mucha bondad, comprobando que sus apellidos coincidían con los de las personas que había investigado.

Le contó a la chica su procedencia, le enseño las fotos de su madre, le preguntó si era feliz. Ella en un principio le costaba entender que pudiese existir un coincidencia tal en esta vida, pero luego emocionada lo disfrutó. Su padre verdadero, cuanto había soñado con ese encuentro. Podría conocer el lugar donde nació. Y disfrutar junto a él del recuerdo de una madre que murió para que ella pudiese venir al mundo.

Sus padres adoptivos la comprendieron, estaban demasiado ocupados con sus negocios, fiestas y celebraciones de todo tipo. Eso sí, se encargaron de aprovisionarla con todo tipo de tarjetas de crédito para que de nada le faltase. Para la niña era toda una liberación, encontrarse con sus raíces durante un fin de semana, harta de acudir a todo tipo de actividades y aburrida del agobio de una ciudad como la capital del país.

El tren se acerca, es el momento de aumentar las emociones, a su edad es un momento pletórico, feliz. Se dispone a vivirlo. Su padre ya está esperando en la estación, sentado en un banco afina su oído para adivinar el momento en el que el tren aparece. Después de la muerte de su esposa, al nacer María, no había tenido más remedio que entregar a la niña a los servicios sociales. Por aquellos tiempos era un borracho, lo que derivó en el despido de su trabajo. En poco tiempo se encontró solo; hundido, sin familia, sin trabajo y sin dinero. Lo ingresaron en un psiquiátrico, y allí paso once años de su vida. Al salir consiguió un empleo, y se puso a investigar sobre el paradero de los padres adoptivos de su hija. Consiguió saber algo, pero al final decidió no interferir en la vida de la niña. Durante un viaje laboral a Madrid; de casualidad recogió a una niña que se había caído, era ella, la reconoció con la mirada.

Y fue mágico el momento en el cual se abrazaron en el andén, la vida les había devuelto algo que les debía.

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