| Hay verdades que por mucho que se digan nadie las quiere creer. Hay que juegos que no son juegos, y con ellos no se juega. Hay juegos que entrañan mucho peligro a los que mucha gente quiere jugar, haciendo casi omiso a sus consecuencias.
Vivían tres personas en el segundo piso de un edificio antiguo del siglo dieciocho. Sus suelos y paredes eran de madera, aunque hacía años que había tenido una pequeña reforma, todavía dejaba bastantes evidencias de su antigüedad. Eran un piso sin puertas, pues a la inquilina del piso le gustaba tener cortinas de colores en su lugar. Sus hijos; Lucía y Miguel, tenían por aquel entonces siete y nueve años. Ella, Raquel, estaba recién separada. La vida la obligó a instalarse en un piso de alquiler. Según sus posibilidades, lo encontró en el antiguo barrio de la Magdalena, en el mismo centro de Ferrol. Pero pronto se convenció de que algo sucedía en ese lugar, y sus hijos eran objeto de algún tipo de acoso por un ente extraño, que convivía con ellos. |
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En el suelo del salón colocaron el tablero que Yolanda tenía en propiedad, pues le encantaba el juego, según ella. Sentados en círculo y con la luz apagada, prendieron un par de velas de color blanco y su reflejo creaba sombras fantasmagóricas en las paredes. Un cono de incienso humeaba la estancia, perfumaba un ambiente listo y propicio para una espectacular velada con los espíritus. Yolanda colocó la runa de poder que había adquirido en una feria medieval en el centro de la tabla de la Ouija. Ordenó a sus amigos que pusiesen un dedo sobre la misma y les dijo que se concentrasen en la pregunta que iba realizar en ese mismo momento. Repitiéndola tres veces:
- ¿Hay alguien más en esta habitación a parte de nosotros?
Nada ocurría. Se miraban unos a otros en silencio, como si esperasen que algo sucediese. Yolanda repitió la pregunta de nuevo otras tres veces:
- ¿Hay alguien más en esta habitación a parte de nosotros?
La runa comenzó a vibrar, algunos de los presentes levantaron el dedo. Las miradas de reproche de los demás, les hizo cambiar de opinión, y volvieron a ponerlo en su sitio. Todos notaban como la runa estaba en el aire, a pocos milímetros de la tabla, se movía. Poco a poco el movimiento de la piedra los hizo balancearse de un lado a otro, de manera pausada. Parecía un pequeño juego de niños, en el que se divertían con el movimiento acompasado de una runa en el aire, movida por alguna fuerza extraña. Pero en un momento dado se detuvo:
- SI
El movimiento cesó, la piedra apoyaba de nuevo la tabla, justo encima de las letras que formaban la palabra Si. Los protagonistas de la escena tiritaban de frío, de miedo. Raquel le dijo en voz baja a Yolanda que continuase. Todos se miraban, intentaban aparentar tranquilidad, se les notaba en demasía. Yolanda continuó:
- ¿Eres un es espíritu?
La runa vibró de nuevo, pero esta vez con mayor violencia los zarandeó de un lado a otro de la tabla y se detuvo con delicada brusquedad en la palabra:
- NO
Se apoyó por completo al tablero justo encima de la letras n, o. El silencio inundaba el salón del antiguo piso del barrio de la Magdalena, cuando despareció ante la agitada respiración de los presentes. Se hacían señas unos a otros, como si hablar les evitase algún mal. Todas las miradas se dirigieron a Yolanda, dispuesta a preguntar con insistencia:
- Si no eres un espíritu, ¿Qué eres?
Ni les dio tiempo a reaccionar, la piedra salió disparada y se empotro contra la pared, rompiendo en mil pedazos. El humo del incienso creaba un tétrico ambiente, las sombras proyectadas en la pared parecían tener movimiento y el pánico se apoderó de alguno de los presentes. Miguel comenzó a gritar, se levantó y de un manotazo arrancó de cuajo las cortinas que Raquel tenía por puertas, al instante abrió la de la entrada y bajó presuroso las escaleras sin dar ningún tipo de explicación a nadie. Tras unos minutos de tensa locura, fueron recuperando la calma, decidieron continuar:
- En el nombre de nuestro señor Jesucristo, de nuestra señora la Virgen María, y del Espíritu Santo. ¡Abandona este lugar!
Una copa era la sustituta de la runa, cumplió con su papel, pues en breve los transportó hacia la palabra que decía:
- ADIOS
Allí terminó su recorrido y se posó con suavidad, ante el evidente estado de relajación de los oficiantes. Yolanda gritó en voz alta que se daba por concluida la sesión de Ouija, como siempre, lo repitió tres veces. En breve se fueron poniendo en pie. Gabriel encendió la luz, miró su reloj, eran las tres de la mañana. Se les había echo tarde, el tiempo había pasado volando. El y Pedro, tras comentar unos instantes la impresionante sesión que acababan de presenciar, se despidieron de sus amigas y marcharon hacia sus respectivos hogares. Yolanda pasaría la noche en casa de su amiga, ya lo habían pactado así, para que Raquel accediese a realizar la sesión de Ouija, pues sino ella sola no sería capaz de dormir. Nada les ocurrió esa noche. Conciliaron el sueño a la perfección.
Había pasado una semana, ella y sus hijos vivían intranquilos desde hacía unos días. Por la noche era el momento en el que se manifestaban todo tipo de fenómenos incomprensibles que les helaban la piel. Comenzaron a los pocos días de la sesión de espiritismo. Unas veces la radio de la cadena de música comenzaba a funcionar sola a altas horas de la madrugada, ya estuviese enchufada o no, y con el volumen al máximo. Otras, la temperatura del piso descendía de repente, y tenían que abrigarse en exceso para no congelarse, fenómeno que duraba un par de horas. Pero un día en plena cena, algo les sucedió mientras veían la televisión. Momento en el que decidieron abandonar la estancia, pues observaron como el aparato perdió el canal y visualizaron la típica pantalla de puntitos grises, entre la cual pudieron distinguir a la perfección, la silueta de un hombre con bigote y barba que los observaba con atención. Según relató Raquel de aquellos hechos, ese momento duró apenas treinta segundos, suficientes para convencerse de recoger lo imprescindible y marchar hacia casa de su madre con los niños.
Tras una semana alejada del piso y convencida por sus amigos, familia, decidió volver. Un miércoles por la tarde; Raquel y dos de sus amigos, Gabriel, y Pedro, se dirigieron al lugar. Pedro subió el primero, decidido. Gabriel y Raquel esperaban en el portal. Al entrar en el piso nada observó de extraordinario y abrió todas las ventanas para airear, pues lo cierto era que sí que olía de manera extraña. Avisó a sus amigos que subiesen, que nada raro ocurría. Y ella; a paso lento, poco decidida, consiguió entrar después de mucho cavilar. La inquilina del piso no deseaba quedarse allí, tan solo recoger algunas cosas para sus hijos y para ella. Y esos minutos en su piso fueron infernales, pues se sentía observada hasta el punto de escuchar una voz en su interior que le decía:
- ¡MARCHATE DE AQUÍ! - ¡MARCHATE DE AQUÍ!
Y ella de nuevo tomó lo imprescindible y se fue.
Pedro se dirigió a la Iglesia de San Francisco, para contarle la historia al sacerdote. El cura, ya acostumbrado a ese tipo de cuestiones, le entregó una botella pequeña de agua mineral. La bendijo en ese mismo lugar y ante la atenta mirada de Pedro, que sorprendido no decía ni palabra, le indicó que debía bendecir la casa. Aplicar un chorrito de agua ya bendita en las cuatro esquinas de cada habitación. Además de rezar el Padre Nuestro a medida que realizaba la tarea. Que era un espíritu burlón, que había cientos de ellos en muchos hogares. Que tan solo tendría que realizar sus indicaciones y tener Fe, así el mal desaparecería. El chico así lo hizo, se dirigió a casa de su amiga y realizó el ritual que le había encomendado el párroco.
Raquel decidió volver a los dos días e intentar pasar la noche, sus fieles amigos la acompañarían. Entraron en el piso, encendieron todas las luces de las habitaciones, y ojearon hasta debajo de las camas, pensando quizás en alguien o algo que podrían encontrarse. Pero nada ocurrió. Se dispusieron a darle una limpieza al piso. Mientras Raquel cambiaba la ropa de las camas, Pedro barría, y Gabriel fregaba los platos de la cocina. Y así, trabajando en equipo consiguieron darle al lugar una apariencia digna y aseada. Hicieron la cena. Sentados en la mesa del salón, observaban las noticias de La 2, que por aquel entonces emitían a las diez y media de la noche. Hasta que de repente la cadena de música de nuevo se puso en acción, comenzó a sonar con escándalo asustando a los presentes. Raquel gritaba, Gabriel dio un brinco sobre su asiento, y Pedro a toda prisa intentó desenchufar una cadena que ya no tenía corriente. Todo cesó tal y como empezó, de repente, solo había durado unos diez segundos. Pero al cesar el ruido, una espesa niebla se fue concentrando en el centro de la estancia hasta vislumbrarse con total nitidez un rostro humano, que en un par de segundos desapareció. Nadie dijo nada, estaban helados de frío, decidieron bajar de prisa las escaleras dejando el piso con la puerta abierta. Ya la en la calle respiraron más tranquilos. Raquel y Pedro se abrazaban, ella no paraba de llorar…
Hay quién reta a las alturas y se balancea desde un puente. Y quién salta al vacío desde una avioneta en caída libre. Pero jugarse el tipo frente a un ente extraña que no conoces, requiere el talento de un profesional del ocultismo. La Ouija no es un juego, es una puerta, desde donde pueden entrar todo tipo de seres y entidades que mejor sería no haber conocido...
La Historia continua...aporta tu comentario.
DOMY&CREACIONES




























2 Comentarios:
GUAU! Amigo, yo viví una experiencia parecida. Muy bueno el bitácora
Si. Hay muchos espíritus burlones por la vida. Gracias por tú visita.
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