Después de una agotadora jornada laboral me di un buen baño relajante, luego cené y me acosté en cama a ver la tele, estaba muy cansado ese día. Ya eran horas tardías y los del programa de Crónicas Marcianas que emitía Telecinco se iban a publicidad. Viendo los anuncios, descubrí uno que me llamó la atención. Y decía: “Mlio, manda un mensaje al XXXX y encuentra a tú pareja ideal”. Por aquella época era toda una novedad liarse por SMS; y yo, soltero y entero, deseaba probarlo. Así que me animé. Me incorporé en la cama, tomé el teléfono en mis manos y seguí las instrucciones del anuncio que acababa de ver. En breves instantes recibí un SMS en el que me solicitaban unos datos de los más simples para crear mi perfil y mis preferencias. Tuve que enviar de nuevo un SMS con todos esos datos que me requerían para poder utilizar el servicio. De nuevo me llega otro en el que me informan que todo es correcto y que ya puedo utilizarlo, tan solo tendría que enviar de nuevo otro SMS con la palabra “Mlio” y me conectarían con una chica afín. Y a los diez minutos apareció. Se llamaba Manuela y era de Jaén. Treinta y dos años, pelirroja teñida. Algo más de un metro sesenta. | Nos enviamos unos diez mensajes a través del sistema de “Mlio”, hasta que nos dimos cuenta que si continuábamos por ese camino nos íbamos a arruinar, y decidimos darnos mutuamente nuestros números privados. A partir de ahí comenzó nuestra amistad. De los SMS pasamos a las llamadas, de las llamadas a llamadas más ardientes, de las llamadas más ardientes a nuestra primera cita. Ella vendría a verme a Coruña, sería nuestra primera cita, nuestra primera cita a ciegas. Y todo por un anuncio de televisión que se había cruzado en mi camino, en ese día de cansancio, en mi habitación de la casa de mis padres. Yo tenía veintiocho años y aun no había tomado la decisión de emanciparme, tal vez por la comodidad que proporcionaba estar al resguardo de papá y mamá. Comida, ropa limpia, y todo tipo de comodidades gratis. Era un carota de cuidado… |
Pero la cosa ya empezó mal en la primera cita, pues yo llegué tarde, el coche se me había quedado sin batería y no arrancaba. La tuve unos tres cuartos de hora esperando en la cafetería de la estación de trenes. Hasta que llegué sudando de lo apurado que estaba y la vi. Era la única pelirroja teñida del establecimiento, al verme entrar sonrió y se levantó para recibirme. Nos dimos dos besos y le pedí disculpas por la tardanza. A ella no pareció preocuparle demasiado la espera, pues parecía simpática y entregada, tal y como me había parecido por teléfono. Después de tomar un café salimos hacia el lugar donde íbamos a pasar el fin de semana, una casita rural cerca del mar. Allí terminamos por conocernos más en profundidad, y tras unos días de amor, ternura y desenfreno retornó a su tierra. Se lo había pasado muy bien. En cierta manera congeniábamos sin ser almas gemelas. El siguiente en viajar sería yo.
En las vacaciones de Semana Santa aproveche y fui a Jaén toda la semana. Me recibió con cariño; me presentó a sus amigos y familia, y me llevó al local donde trabajaba de camarera, un Pub del centro de la ciudad. Nos alojamos en hotel de tres estrellas, en una amplia habitación de matrimonio, con todos los servicios disponibles. Fue una semana diferente, donde disfruté de las procesiones del sur en esas fechas, donde visité el santuario de la Virgen de Nuestra Señora de La Cabeza, un lugar de misteriosa belleza que posee un momento a los caídos que tiene su historia. Un lugar de poder, mágico y espiritual. Me colmó de satisfacción en ese viaje aventurero que yo hacía por amor. Tan bien nos fue en esa semana, que decidimos irnos a vivir juntos. Cuando ella terminase su contrato en Pub, le quedaban dos meses, se vendría a Galicia a convivir conmigo. Buscaríamos para ella un empleo y comenzaríamos una vida en común. Tras retornar de mi viaje comuniqué la noticia a mis padres, que entre sorprendidos y contrariados me dieron sus parabienes. Busqué un piso de alquiler hasta encontrarlo, y durante los meses de espera me dediqué a decorarlo a mi gusto. Ella finalizó su contrato; se despidió de su familia y se vino a la Coruña con su serpiente pitón albina. Era su reptil favorito y lo acomodamos en un terrario. Hasta nos empadronamos en el ayuntamiento como inquilinos del piso en cuestión. Todo apuntaba maneras y prometía y desenlace feliz. Dos meses y medio habían pasado del primer SMS y ya estábamos como pareja formal, todo un milagro.
Mi familia y amistades no terminaban de fiarse del todo, acostumbrados a mis frecuentes nuevos noviazgos que no duraban más de mes y medio. Pero esta vez todo parecía diferente. Y yo me resistía a pensar que algo pudiese salir mal. Conseguimos un trabajo para ella de camarera en una discoteca los fines de semana. Perfecto para conciliar nuestra vida en común y la laboral, pues el mío me robaba muchas horas del día. Pasó un mes y todo iba bien, pero a los quince días algo sucedió. Ella trabajaba de once de la noche hasta las cinco de la madrugada, entre la hora de salida y la de llegada a casa solía transcurrir una media hora. Pero esa madrugada del sábado al domingo pasaban las horas y ella no llegaba. Llamaba a su móvil, apagado y fuera de cobertura. Hasta que el cansancio me invadió y me quedé dormido esperándola. Llegó sobre las nueve menos veinte de la mañana del domingo. Desperté al escucharla entrar.
Estaba enfadado por no haberme llamado para darme algún tipo de explicación. Me hice el dormido. Ella se desvistió y se acostó a mi lado. Sin decir nada se giró y se dispuso a dormir. Me dormí de nuevo. De manera misteriosa estuvimos enfadados durante una semana, ni yo le pedí explicaciones, ni ella me las dio. Pasábamos las horas cada uno en un cuarto diferente de la casa. Nos cruzábamos por el pasillo y nada nos decíamos, ni siquiera nos mirábamos. Ella salía sin yo saber a donde iba. Y tampoco le daba explicaciones de a donde yo me dirigiese. El orgullo nos inundaba a los dos. Yo dormía en el sofá; le cedí la cama, aun encima de haberse venido desde tan lejos arriesgándolo todo por mí, era lo menos que podía hacer. Así transcurrieron los días, hasta que llegó el fin de semana. Ella no había acudido a trabajar, llevaba encerrada en la habitación durante todo el día sin salir. Asustado decidí abrir la puerta, y la vi en la cama tapada con las mantas, parecía dormida. Me senté en la cama cerca de su rostro, le acaricié el pelo y llamé por su nombre:
- Manuela. Manuela…
Abrió los ojos de repente y me asustó. Le pregunté si se encontraba bien, tardó en contestar, me miraba fijamente sin decir nada. Lo cierto es que me imponía respeto esa situación. Me dijo que se había quedado dormida, y ahora ya era tarde para presentarse en el trabajo, por lo tanto que no iría. Aproveché para intentar arreglar las cosas y le pedí disculpas por el orgullo demostrado en la última semana, le dije que la quería y que valoraba sobremanera su esfuerzo por venirse a vivir conmigo desde tan lejos, pero que eso no quería decir que hiciese lo que le diera la gana sin darme a mí explicaciones. Las cosas se arreglaron un poco, nos acercamos, nos abrazamos y nos besamos. Terminamos esa noche haciendo el amor con locura, disfrutando el uno del otro como no lo habíamos hecho antes. Estuvimos un día entero intentando recuperar parte de ese tiempo perdido por culpa de nuestro orgullo. Al día siguiente, a la vuelta del trabajo, me encontré un piso vacío. La serpiente ya no estaba en su terrario, la habitación estaba media vacía sin los típicos artículos y complementos que acomodan las mujeres en las distintas mesillas y cómoda de la estancia. Al armario le faltaba casi toda su ropa. Tras pasear incrédulo por la habitación descubrí dos grandes cajas de cartón embaladas, encima una nota, con mi nerviosismo no había reparado en ellas. Alcancé la nota y me dispuse a le leer:
“Cuando leas esta nota yo estaré viajando de camino a mi tierra. Lo siento, pero he tomado la decisión y me vuelvo con mi familia, los necesito. Ha sido muy bonito lo que he vivido contigo y te doy las gracias por los momentos hermosos que hemos vivido. Para siempre serás mi gran amor. Nunca te olvidaré.
Manuela ”
Ante tales palabras me senté en la cama y desconsolado me puse a pensar al borde del llanto. Todo había sucedido muy rápido. En algo más de tres meses había conocido a una mujer a través del servicio de SMS. Había conocido su tierra, ella la mía y nos habíamos puesto a vivir juntos. Pero de repente un buen día todo se acaba, ella desaparece tan rápido como apareció. Y yo me encontré emancipado, viviendo solo en un piso de alquiler. Así sucedió la historia. La que provocó el envío de un SMS a un número que descubrí en un anuncio de televisión en el descanso de Crónica Marcianas.
Y es que la vida está llena de moralejas y en este caso es bien fácil:
“El amor, tal como viene, se va”
La historia continúa, aporta tú comentario...
DOMY&CREACIONES




























5 Comentarios:
La verdad es que fue una intensa historia de amor. Y sí es bien cierto que como viene se va,y tmbién que aparece donde menos lo esperas. Pero quedan los recuerdos vividos y todo lo aprendido, osea que nunca es en vano.No has vuelto a saber de ella?. Un besito cálido.
Lo cierto es que no supe más de ella. Ni tampoco quise, ni, lo intenté. Al poco de abandonarme marché de viaje a Brasil, y allí, olvidé por completo mis penas. Gracias CalidaSirena siempre fiel. Besitos de calidez también para ti.
Qué mal rollo me da la gente que no tiene la valentía de decirte a la cara que te deja. Mejor que se haya ido, ya encontrarás alguien que merezca la pena.
De todas formas vuestra historia no tenía futuro ya desde el primer momento: La gente que se conoce a través de esos anuncios es gente con la que puedes tener un revolcón más o menos fácil y se acabó. Si quieres conocer a alguien que merezca la pena, date una vuelta por La Coruña y abre bien los ojos.
Un abrazo y escríbeme un CE cuando siga la historia.
Ya decía mi madre...Si es que las prisas no son buenas.
Un saludo creador de historias
Bien es cierto que las prisas no son buenas... a veces merece la pena probar...otras no. Una experiencia más de la vida de la cual se puede aprender. Un saludo Trapo de los más trapos que existen por esa zona donde te encuentras. Gracias de nuevo por ser partícipe de este lugar de historias...
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