| A la salida del astillero les esperaba otro buen número de efectivos policiales que los acorralaron, repartieron palos de lo lindo a diestro y siniestro. Varias pelotas de goma rompieron cristales de algunas casas particulares del barrio de esteiro. Los botes de humo y los porrazos estaban en la orden del día, muchos obreros yacían en el suelo doloridos por las palizas. |
Mi abuelo estaba cansado de tanto correr, se había escondido entre los árboles del cantón, el barullo y el alboroto creaba en esos momentos la imagen del caos en Ferrol. Tenía miedo, eran numerosos los policías que corrían detrás de los trabajadores ensañándose con ellos a golpes con sus porras. Había recibido un pelotazo en una pierna, no podía caminar sin tener que soportar un enorme dolor. Quería refugiarse en casa de mi madre, que por aquellos tiempos vivía en la Travesía de San Luís, justo enfrente de batallones. Como pudo fue evitando a los policías que al verlo tendido lo aporreaban sin miramiento alguno. Logró a duras penas llegar a casa de mi madre, malherido y atemorizado por lo que acababa de vivir.
Era El Ferrol del Caudillo de mil novecientos setenta y dos. El diez de marzo, al día siguiente, los trabajadores de los astilleros demostrarían un espíritu de unión obrera, que sería el ejemplo para que en muchas localidades de Galicia y España se alzasen a reivindicar sus intereses.
Decidieron agruparse enfrente las puertas del astillero a primeras horas de la mañana, para protestar y reivindicar la represión sufrida el día anterior. Decidieron hacer paro general ese desgraciado día 10 de marzo. Como el gobierno no estaba dispuesto a tolerar ese tipo de situaciones en el país, enviaron a Ferrol mayor presencia policial.
Los obreros sólo deseaban manifestar un trato digno, el derecho a ser escuchados en negociaciones futuras, y no ser reprimidos por la fuerza bruta que demostraba la policía por aquellos tiempos. Pero cuando comenzaron su recorrido por las calles, las fuerzas de seguridad del estado dictatorial ya los estaban esperando. Eran unas cuatro mil personas, unidas para reivindicar sus derechos, pero no los escucharon. La policía recibió la orden de cargar contra la multitud, cuando esta iniciaba su recorrido por As Pías en dirección a Caranza. Los obreros en vez de acobardarse y huir como el día anterior, se enfrentaron valientemente a las fuerzas de seguridad, cargados con palos y piedras, decididos de una vez por todas a luchar unidos. Pero la policía disparó de manera indiscriminada, con sus zetas ametralladoras y sus pistolas, logrando alcanzar a numerosos heridos. A los desgraciados diez minutos ya había un muerto. Y otro más poco después. Sus propios compañeros los trasladaron al hospital, mientras otros, ya enloquecidos por la noticia que corrió como un rayo de la muerte de un compañero, lograron acobardar a los sorprendidos policías que nada pudieron hacer para reducirlos que escapar del lugar.
Se crearon piquetes informativos para que los vecinos de Ferrol y su comarca supiesen lo que acababa de acontecer. Ese día hubo cientos de contusionados, más de una docena de heridos de bala, entre ellos dos muertos. A todo juicio racional le queda manifiesta la desproporcionada actuación de las fuerzas de seguridad del régimen de Franco. Ese día Ferrol era una ciudad asustada. Las personas se encerraban en sus casas, temerosas de futuras detenciones que finalmente se produjeron.
Mi abuelo, maltrecho de las heridas del día anterior, no pudo acudir a la manifestación de ese desgraciado diez de marzo. Se quedo en casa, pendiente de la radio y el televisor. Salvando a lo mejor su vida, por que si no llega a estar maltrecho, a buen seguro que estaría ahí al pie del cañón. Eso sí, acudió al entierro de los compañeros fallecidos, donde según contaba había cientos de policías custodiando el mismo. Como si eso fuese una nueva manifestación que el régimen franquista entendía como peligrosa. Eran los últimos avatares de la dictadura. Pero fueron momentos duros, llenos de dolor, pero de una unión obrera ejemplar en cualquier lugar del mundo. Los fallecidos se convirtieron en una especie de mártires de su Lucha.
Hoy en día, en el barrio de Recimil (Ferrol), se puede observar el Monumento al Obrero. Cada diez de marzo, se celebra una manifestación en recuerdo de aquellos hechos. Cada año se realiza un sincero homenaje a ese espíritu de unión obrera del año setenta y dos.
Mi abuelo me contagió ese espíritu de lucha que debemos de tener todos para reivindicar nuestros derechos de una manera civilizada. Nunca debemos de acobardarnos a exigir nuestros derechos y libertades…
En memoria de Daniel Niebla y Amador Rey….
…y de mi abuelo “El Patrón”…
La Historia continua...aporta tu comentario.
DOMY&CREACIONES

De allí fueron a la explanada donde se encontraban las oficinas de la dirección de la empresa y escucharon las palabras del director, que no logró convencerlos. En ese lugar permanecieron sin retornar a su puesto de trabajo hasta bien entrada la tarde. El requerimiento de las autoridades para que abandonasen la empresa no fue suficiente para disolverlos. Eran las tres y media de la tarde y las fuerzas de seguridad tomaron la empresa. Había varias grilleras dentro del astillero, y sobre las cinco y cuarto de ellas se bajaron numerosos policías cargados con sus porras y demás utensilios de fuerza, no dudaron en cargar contra los indefensos trabajadores. 


























8 Comentarios:
Que gran historia...da que pensar. Todas las comodidades que tenemos ahora otros antes las ganaron con su lucha. Un saludo
Es verdad, pocos valoran que para poder disfrutar de los derechos que ahora poseemos, se los ganaron a pulso "Os nosos antergos". Pocos Ferrolanos jóvenes de hoy saben esta historia, no les interesa mucho, ahora interesa más tunear el coche con las aportaciones de papá, ese luchador obrero en tiempos de dictadura. Saludos Trapo, gracias por el comentario.
Muy bueno el relato tron. Me alegro de q narres así temas de concienciación social y laboral. Los derechos y libertades fundamentales, es la base para una sociedad más justa y que no olvidemos cuando éstes se recortan, nos afectan a todos y a todas, en el sentido de a menos derechos, menos libertades.
Este es mi comentario tronko.
SAludetes amigo.
Gracias D. Carlos V, por tú comentario. Lo cierto es que parece que a le gente le entra mejor y se conciencia más, si esas injusticias sociales se escriben de manera amena y objetiva. Ese era mi objetivo. Me gustaría crear un relato sobre esas gente, "Os Ninguén". Pero será otra historia.
Saludetes Charlie five
Sabías que estaban uns barcos da marina de guerra preparados para bombardear o puente das Pías si os traballadores de Astano e os de Bazán trataban de xuntarse, tiñan medo de non ser capaces de controla-los. Había ate unha ametralladora emplazada no campanario da igrexa do Pilar, có consentimento do cura tería que ser.
Penso que estas no certo. Incluso poder ser factible que os mortos foran víctimas das balas de ametralladora no campanario da Igrexa. Daquela os curas estaban a lado do reximen...e que...
Parebéns polo teu comentario e saúdos, volta cando queiras, que sempre serás ben recibido.
Puxéronseme os pelos de punta ó ler o teu relato. Porque, por desgraza, é un relato real.
Supoño que esa foi a razón de que o 10 de marzo se celebre o día da clase obreira galega, non? Sabía da existencia dese día pero non da historia que ti nos contaches.
Penso que hoxe en día esquecemos de onde vimos moitos, a maioría, de nós, e non deberamos porque as cousas tampouco están tan ben como para esquecer...
Noraboa polo relato
E ben certo o que afirmas, por eso é o Día Da Clase Obreira Galega. Pero non só polos de Ferrol, se non tamén os de Vigo e demáis localidades industriais galegas. Foi un exemplo para todos, ainda que agora como ven dís, cada quen mira para outro lado. Saúdos e non esquezamos nunca o noso pasado. Grazas pola visita.
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